Las fronteras entre las utopías como desiderata del futuro y como nuevos proyectos históricos viables, se están aclarando. Los avances de la ciencia permiten identificar de manera creciente, los potenciales y límites de evolución de las organizaciones sociales. La teoría de los Sistemas Dinámicos Complejos Humanos (SDCH) es uno de estos medios que acercan viejos e interminables debates sobre anarquía y centralismo, vanguardia y mayorías, hegemonía y dominación, al dominio de la discusión racional-científica.

La sociedad como Sistema Dinámico Complejo Humano o Sistema Adaptivo Humano (SAH) puede entenderse de la siguiente manera. Un sistema es un conjunto de partes que cumple con cuatro requisitos:
1. Las partes mantienen determinadas relaciones entre sí;
2. el sistema se distingue del medio circundante, aunque sus límites con este medio no estén bien definidos o sean difusos; en otras palabras, tiene identidad;
3. el sistema realiza determinadas funciones propias del conjunto que las partes por sí solas no pueden realizar;
4. la realización de dichas funciones permite al sistema alcanzar objetivos que son necesarios para su sobrevivencia.

Dinámico es un sistema cuando sus cambios se producen dentro de determinados tiempos. Esos tiempos son definidos por el investigador. La complejidad del sistema se define en función de la mayor o menor diversidad de movimientos que puede realizar. Siguiendo a Friedrich Engels en La Dialéctica de la Naturaleza, podemos distinguir en el universo cinco tipos de movimiento o cambio que en orden ascendente de complejidad son: el mecánico, el físico, el químico, el biológico y el social. Los movimientos o cambios más complejos abarcan en sí a los inferiores, pero no son reducibles a ellos. Esa es la razón, por la cual un análisis mecánico o biologista de la sociedad es necesariamente incapaz de entender la lógica del comportamiento social adecuadamente.

Las organizaciones humanas comparten un conjunto de características con los sistemas dinámicos complejos (SDC) de la física y biología. Enumeramos algunas de las más importantes. 1. Son sistemas abiertos, es decir, sus relaciones de interacción con el mundo circundante (entorno) son vitales para su sobrevivencia.
2. Tales sistemas modifican el entorno en el cual se desarrollan.
3. Todos los sistemas de este tipo cumplen siempre una determinada función o pretenden alcanzar determinados objetivos.
4. Para que el SDCH pueda realizar esos objetivos, dispone —cuando se trata de una macrorganización como una sociedad, un Estado, una universidad— de una propiedad, conocida como autosimilaridad, que es una similaridad estructural (verticalidad) entre los diferentes niveles de mando.
5. Son sistemas que realizan un intercambio continuo con su entorno a través de flujos de energía, información y sustancias que son transformadas o metabolizadas por el sistema.
6. Estos sistemas disponen de mecanismos de retroalimentación (feedback) —en el caso de los SDCH, encuestas de opinión, servicios de inteligencia, medios de comunicación— que informan al centro de control del sistema, por ejemplo, en un Estado al gobierno, si el comportamiento de este se acerca o se aleja de los objetivos propuestos o planeados.
7. Los SDCH tienen una capacidad de aprendizaje en la cual influyen determinados factores: a) la calidad de los subsistemas de detección (sensores) de cambios; b) la calidad de procesamiento de la información; c) la velocidad con que es capaz de reorganizarse frente a esos cambios, contra las inercias del status quo; d) el tamaño absoluto de la población que conforma el sistema; por ejemplo, la sobrevivencia de una población frente a una enfermedad o una guerra, depende de manera considerable de este tamaño absoluto; e) la existencia e incidencia de una memoria histórica o social o, también, identidad.
8. Los SDCH están formados por otros sistemas que podemos llamar subsistemas, que a su vez, están formados por otros subsistemas que generalmente forman una jerarquía de sistemas.

Para entender el desarrollo posible de una sociedad hay que tomar en cuenta, además de las características mencionadas, dos propiedades de su entorno. La primera se refiere a que el comportamiento del medio ambiente es en parte previsible, y en parte, imprevisible. La segunda se refiere a que el medio ambiente puede ser benéfico (tierra fértil), coexistible (tierra semi-árida), hostil (desierto) o antagónico (montaña por encima de los seis mil metros de altura), para la existencia y sobrevivencia del sistema. Esas características obligan al SDCH a organizarse de manera que refleje en sí ambos elementos. Su estructura y sus funcionamientos internos deben contener por lo menos dos partes: una que refleje y responda a lo previsible, planificable, controlable del entorno; y otra que refleje y tenga la capacidad de elaborar respuestas adaptativas no previstas al comportamiento aleatorio del entorno.

A la parte que responde por lo previsible la podemos llamar zona de dirección (ZD); esa parte es la encargada de mantener la constancia en el alcance de los objetivos y en el cumplimiento de las funciones respectivas, entre ellas, el mantenimiento de su identidad. La zona de dirección garantiza la coordinación de todos los esfuerzos del sistema en aras de alcanzar los tres elementos mencionados. A la parte del sistema que refleja lo imprevisible, la llamamos zona de creatividad o de permisibilidad. En esta zona deben estarse probando (creando), de forma permanente, las posibles soluciones virtuales a los cambios aleatorios y caóticos del entorno. La zona de creatividad debe ser concebida de tal manera que las pruebas o experimentos de estrategias virtuales se realicen de forma no planificada ni organizada por la zona de dirección. Esta debe proporcionar sólo los insumos y la infraestructura básica de la zona de creatividad. En la zona de creatividad, la libertad para la reflexión tiene que ser lo más amplia posible. Un sistema empírico que se asemeja a este modelo, son las áreas de investigación básica dentro del sistema general de la ciencia. A Albert Einstein nadie le ordenó, ni controló, ni podría haberle prescrito las investigaciones que lo llevaron a la revolucionaria teoría de la relatividad. La sistemática, pero libre creación y selección investigativa es una condición esencial de esta zona sistémica.

La relación entre las dos zonas y en su interacción con el entorno, y la mayor o menor fuerza relativa de cada zona, dependen al menos de cuatro factores.
1. De la naturaleza del propio sistema (de sus objetivos y funciones). Una entidad militar, comparada con un instituto de investigación científica, muestra una preeminencia marcada de la zona de dirección sobre la de creatividad.
2. Del momento concreto de desarrollo del sistema. Cualquiera de estos sistemas pasa por diferentes etapas de evolución, incluyendo crisis, reestructuraciones, colapsos parciales, etc., que inciden sobre las proporciones y dinámicas entre la zona de dirección y la de creatividad. Por ejemplo, el sufragio en la democracia burguesa ha ido pasando por diferentes etapas históricas, ampliándose lentamente desde 1776-1789, hasta llegar después de 1945, en la mayoría de los países, al sufragio universal.
3. De la relación que, en el momento en cuestión, tienen en el entorno lo previsible y lo imprevisible.
Se puede suponer que cualquiera de los SDCH organice su estructura según el estado en que se encuentre su entorno: de guerra o paz, revolución social, coyuntura o depresión económica, etcétera. Mientras más rápido e inesperadamente cambia el entorno, tanto más flexible y creativa tiene que ser la organización sociopolítica.
4. De las cuatro características del entorno ya mencionados. Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre los sistemas sociales humanos y los SDC:
su elemento básico, el ser humano, le proporciona a la sociedad un elemento de cambio y evolución que no se encuentra en otros sistemas conocidos. Debido a la capacidad racional y autonomía del homo sapiens, este puede tener intereses, objetivos y valores propios que no coincidan con los de la organización a la que pertenece; un fenómeno que sería impensable en una sociedad animal como un hormiguero o una colmena. La cohesión y viabilidad de una organización social humana depende, por lo tanto, a mediano plazo, de la colaboración y aceptación de una parte sustancial de los ciudadanos. Esta, a su vez, es esencialmente una función de la calidad de vida que el sistema logra proporcionar a sus miembros, es decir, del cumplimiento de la “tarea de producción y distribución” de la clase dominante. En la actualidad, el incumplimiento de esta tarea es el problema fundamental de gobernabilidad de la burguesía global.

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