El proyecto histórico de Marx: Democracia participativa (socialismo), siglo XIX

El concepto más importante de este trabajo es el concepto Proyecto Histórico. Es una categoría no utilizada en las ciencias sociales ni tampoco por Marx y Engels, pero útil para describir el modelo de explotación, dominación y enajenación que caracteriza la praxis de una clase dominante.
Abarca las cuatro relaciones sociales básicas del ser humano: la económica, la política, la cultural y la militar o, expresado en términos del socialismo histórico, las fuerzas productivas, las relaciones de producción y las superestructuras políticas y no-políticas.
No puede haber clase dominante sin Proyecto Histórico (PH) y, en este sentido, podemos hablar de los Proyectos Históricos de los esclavistas romanos, de los señores feudales, de los capitalistas y de los socialistas. El concepto es semejante al de “formación socioeconómica” de Marx, pero expresa con mayor énfasis el hecho de que la historia se hace en configuraciones concretas promovidas por los sujetos sociales dominantes, ante las cuales los actores sociales dominados reaccionan. La razón de ser de un Proyecto Histórico es la lucha por la apropiación del plusproducto. Esta lucha se lleva a cabo no sólo entre dos clases, sino entre Bloques Históricos (BH) de distintas fuerzas sociales, nucleadas en torno a los principales protagonistas de ambos lados.
Generalmente, un PH engloba cuatro elementos centrales, que se dan a conocer en uno o varios documentos o manifiestos constitutivos: 1. El programa o contenido del cambio. 2. Los sujetos de cambio. 3. Los tiempos de transformación. 4. Las formas o métodos de lucha. La sociedad global ha agregado, además, un aspecto transversal a los cuatro elementos, en el sentido de que todos tienen que concebirse en su dimensión nacional, regional y global.
El carácter de clase o grado de humanismo democrático de esos proyectos puede medirse por su posición frente a los tres grandes obstáculos estructurales de la democracia participativa: la explotación, la dominación y la enajenación entre las grandes interacciones del ser humano:
1. Con el otro, como ser económico (problema de clase);
2. Con la naturaleza (problema ecológico);
3. Con la mujer (problema de sexismo) y,
4. Con otros grupos étnicos (problema de racismo).
Para conocer las posibilidades que tiene el Nuevo Proyecto Histórico de posicionarse ante esos obstáculos estructurales, usamos una matriz y a cada una de ellas asignamos los valores “sí” o “no”.

Los resultados son evidentes. De ocho combinaciones posibles, sólo tres lo son en términos reales. De esas tres, la del capitalismo no requiere discusión porque sería incompatible con una democracia real participativa. El capitalismo funciona en muchos tipos de sociedades represivas, pero es antagónico a la democracia real. El socialismo realmente existente redujo considerablemente la explotación económica, mas no la dominación (verticalidad) sociopolítica ni la alienación, lo que disminuyó enormemente su atractivo democrático para las sociedades avanzadas.

La última opción, democracia real, representa los contenidos que definen al Nuevo Proyecto Histórico en sus objetivos estratégicos y le dan su identidad propia: una sociedad sin capitalismo ni mercado, sin Estado como instrumento de represión y sin enajenación. Decir que estos son los objetivos estratégicos, significa que su plena realización se alcanzará con la superación definitiva de la sociedad de clase.
Los documentos constitutivos de los Proyectos Históricos tienen la función política (ideológica) de dar a conocer a las diferentes clases y actores sociales la nueva concepción del mundo; en este caso, la concepción de la sociedad global postburguesa. Un Nuevo Proyecto Histórico es, por lo tanto, un medio de concientización que genera claridad de pensamiento frente a los mitos dominantes y permite la constitución del sujeto de cambio. De ahí que cada cambio de época en la historia moderna fue precedido (necesariamente) por documentos o manifiestos programáticos que unificaron las diversas fuerzas sociales en pos de objetivos comunes: las tesis de Lutero en 1517, las declaraciones sobre Derechos Humanos en Estados Unidos (1776) y Francia (1789), fueron documentos programáticos de la burguesía; el Manifiesto Comunista fue la bandera del movimiento socialista histórico. Los documentos constitutivos del Nuevo Proyecto Histórico cumplirán con la misma función.


La última opción, democracia real, representa los contenidos que definen al Nuevo Proyecto istórico en sus objetivos estratégicos y le dan su identidad propia: una sociedad sin capitalismo ni mercado, sin Estado como instrumento de represión y sin enajenación. Decir que estos son los objetivos estratégicos, significa que su plena realización se alcanzará con la superación definitiva de la sociedad de clase.
Los documentos constitutivos de los Proyectos Históricos tienen la función política (ideológica) de dar a conocer a las diferentes clases y actores sociales la nueva concepción del mundo; en este
caso, la concepción de la sociedad global postburguesa. Un Nuevo Proyecto Histórico es, por lo tanto, un medio de concientización que genera claridad de pensamiento frente a los mitos dominantes y permite la constitución del sujeto de cambio. De ahí que cada cambio de época en la historia moderna fue precedido (necesariamente) por documentos o manifiestos programáticos que unificaron las diversas fuerzas sociales en pos de objetivos comunes: las tesis de Lutero en 1517, las declaraciones sobre Derechos Humanos en Estados Unidos (1776) y Francia (1789), fueron documentos programáticos de la burguesía; el Manifiesto Comunista fue la bandera del movimiento socialista histórico. Los documentos constitutivos del Nuevo Proyecto Histórico cumplirán con la misma función.

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Transición al Socialismo del Siglo XXI. Productividad Laboral. Desarrollo Político. Derechos Humanos. Socialismo preparado para el reino de la Libertad.
Un análisis científico de la historia humana deja claro sus principales líneas de evolución: de lo sencillo hacia lo complejo; de lo aislado hacia lo integrado; de la dependencia natural al relativo control de la naturaleza y, en lo social, de la libertad restringida hacia la autodeterminación.

En el plano económico observamos un vertiginoso aumento de la productividad laboral, causado por el avance de la tecnología. Desde la existencia arcaica de recolectores y cazadores paleolíticos, vía las primeras culturas sedentarias con herramientas primitivas, hasta la revolución agrariaindustrial y la producción robotizada contemporánea, este proceso ha reducido el trabajo necesario de tal magnitud, que la jornada laboral en varios países ya es de sólo 37 horas semanales, con un estándar de vida adecuado. Esta tendencia seguirá vigente por el desarrollo científico-técnico, y con una organización racional del trabajo en una economía de equivalencias democráticamente planificada, se podría disminuir ya la jornada necesaria a alrededor de 25 horas de trabajo.

El desarrollo político muestra la misma dinámica hacia mayores grados de libertad, que notamos en la tecnología productiva. De la coexistencia de múltiples formas de convivencia política nacieron las primeras sociedades de clase, dirigidas por Estados despóticos, alrededor de cinco mil años antes de nuestra era, en distintas regiones de la Tierra. Cerca del siglo XV aparecieron en Europa las monarquías absolutas. Estas se convirtieron en monarquías relativas o constitucionales que, a su vez, con la toma del poder de las burguesías, a partir del siglo XVIII, se transformaron en democracias formales. Al coincidir este desarrollo político (e industrial) regional con la europeización del mundo, la democracia formal se volvió el tipo de Estado dominante en el mundo.

En la actualidad, este paradigma está en transición hacia la democracia participativa.
La evolución de la ciencia muestra el mismo rumbo: de muy modestos inicios en la astronomía y en la geometría hace varios miles de año, dio el salto cualitativo hacia la ciencia moderna con Newton, hace apenas tres siglos. Desde entonces ha multiplicado su poder explicativo al grado de
ser capaz de resolver los grandes problemas de la humanidad y liberar al sujeto de los fantasmas de la superstición, del pensamiento mágico y de las falacias del sentido común.

Con la constitución de la física cuántica la ciencia dio un nuevo paso hacia la liberación del ser humano. La certeza de la geometría griega, que en cierto sentido se prolongó en el determinismo de la física clásica, “evolucionó” hacia las relaciones de probabilidad y causalidad estadística, y la lógica bivalente de Aristóteles se ve reducida a un caso particular de la lógica polivalente o dialéctica. Estos desarrollos tienden a sustituir la visión binaria (bueno-malo) del mundo por una cosmovisión plural que se ve reforzada por los nuevos conocimientos de la biología molecular que demuestran que no hay diferencias genéticas significativas entre los miembros de la especie humana. Es decir, que las desigualdades entre el veinte por ciento privilegiado de la sociedad global y el restante ochenta por ciento, no son resultado de sustratos genéticos desiguales entre europeos, africanos, asiáticos y latinoamericanos, sino de las estructuras explotativas impuestas a la humanidad.

Los derechos humanos son otro ejemplo de la dirección evolutiva del género. Durante miles de años no representaron papel alguno en las sociedades de clase. Cuando entraron en la escena histórica, aparecieron como derechos formales individuales que limitaron el poder del Estado.

Después se extendieron hacia los derechos colectivos y, hoy día, abarcan una tercera dimensión: los derechos sociales. De un carácter negativo, limitante del poder dominante, han metamorfoseado hacia un carácter positivo y participativo frente a todos los aspectos de la sociedad.

Podríamos seguir este análisis sobre las tendencias objetivas del sistema global, en el derecho; en la ética donde la evolución avanza desde la ética formal de valores hacia la ética material; en el socialismo que ha evolucionado desde el socialismo utópico hacia el socialismo temprano, el socialismo científico, el socialismo “realmente existente”, y en la actualidad hasta el socialismo de la democracia participativa; pero el resultado sería igual al que Immanuel Kant descubrió en su reflexión sobre la sociedad mundial “con intención ciudadana”, hace doscientos cincuenta años; que Hegel sistematizó hace doscientos años en su filosofía de la historia universal; y que Marx y Engels fundamentaron científicamente hace ciento cincuenta años: el “genoma” de la historia está programado para el reino de la libertad.

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Democracia participativa o semidirecta es una expresión amplia, que se suele referir a formas de democracia en las que los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa. Puede definirse con mayor precisión como un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas.
Bajo este término paraguas se incluyen también diversas formas o variantes de democracia:
  • La democracia participativa y estas otras formas no deben considerarse como excluyentes entre sí. Más bien, cada una de ellas apunta en una determinada dirección sobre cómo hacer avanzar la democracia representativa tradicional hacia sistemas con mayor grado de participación. En la práctica, un sistema concreto de democracia participativa puede basarse en ideas y métodos provenientes de distintas variantes.

    El problema básico del concepto de democracia participativa es la disyuntiva de cómo reconciliarlo con el gobierno de la mayoría. Sir Arthur Lewis, laureado con el Premio Nobel, señaló en una de sus obras (Politics in West Africa (W. Arthur Lewis), págs.64-65; George Allen & Unwin, Londres, 1965) que todos aquellos afectados por una decisión deben tener la oportunidad de participar en el proceso de tomar esa decisión, ya sea en forma directa o mediante representantes electos. Esto implica que en esa "oportunidad de participar" se tomen decisiones mayoritarias dentro de un concepto de consenso nacional en cuestiones relativas a principios básicos y derechos humanos. Esto no excluye el pluripartidismo sino que busca en la diversidad y el debate una política consensual con pleno respeto a las minorías.

    Una de las razones fundamentales para promover la democracia participativa consiste en que tal sistema ofrece al ciudadano una capacidad de participar en decisiones orientadas a desarrollar una economía socialmente justa y humanista. Esto promueve un ambiente de cooperación porque se aprecian directamente las consecuencias de tales decisiones para todos y cada uno de los miembros de la sociedad. La democracia participativa auténtica hace énfasis muy especial en dar voz a los individuos y a las comunidades, cuyas opiniones, anhelos y aspiraciones rara vez hallan eco o atención en los mecanismos tradicionales de la democracia representativa. Este es un proceso de transformación -que ya está en marcha en muchas sociedades democráticas- que debe apuntar a promover mecanismos prácticos de participación, medios transparentes de información e investigación, adiestramiento desde la escuela en las técnicas de participación y un programa político estable que defina claramente sus metas destinadas a generar una energía social de participación en las comunidades orientada a la vida y decisiones del barrio, del municipio, de la provincia y de la nación, con el consecuente resultado de concertación, tolerancia y colaboración que necesariamente desemboque en una evidente mejora de la calidad de vida.

    La participación que se desarrolla por diversos medios en muchas democracias modernas está comenzando a consolidarse dentro del ámbito de la democracia representativa como una nueva manera de hacer las cosas. La participación no ha de limitarse, sin embargo, a que las autoridades locales y otros organismos públicos informen a la población de sus actividades y decisiones o inviten a los ciudadanos a presenciar sus debates, sino que implica escuchar a la población en la formulación de sus propios problemas y en la búsqueda de oportunidades y mejoras. Además, es indispensable proporcionarles los medios para encausar una acción política, social o económica y participar en las decisiones públicas con propósitos de cambio.

    Todo esto tiene que calibrarse con mucho cuidado para que, cuando se implemente, no se caiga en una fatiga improductiva de comunidades abrumadas de consultas y debates. Por lo tanto, tiene que haber un mecanismo representativo intermediario. Las iniciativas de democracia participativa no deben orientarse a organizar una utópica democracia directa sino a promover al grado más alto y amplio posible la participación en un bien articulado entorno institucional. Si se hace bien, esta oportunidad de participación provocaría entusiasmo, energía social y un sentido de propósito y de satisfacción.
    Hay buenas razones por las cuales la democracia partipativa debiera funcionar:

    * Aprovecha las experiencias y la capacidad de todos

    La sociedad funciona mediante una red que interrelaciona al gobierno, las diversas comunidades, los grupos de intereses, los sectores y las instituciones. Además, los ciudadanos tienen un conocimiento mucho más íntimo a nivel local de las necesidades de la población que ningún grupo de políticos desde un gobierno altamente centralizado.

    * Promueve la legitimidad

    Las instituciones, los organismos sectoriales, las empresas y los gobiernos acabarán por apreciar que tienen mucho que ganar en confianza, apoyo y colaboración de parte de los ciudadanos si los incluyen de alguna forma en sus decisiones. Los propios ciudadanos tienen una mayor facilidad de promover iniciativas destinadas a hacer más eficaz el medio en que se desenvuelven.

    * Desarrolla nuevas capacidades

    La participación desarrolla la capacidad de las personas de trabajar en colaboración con los demás, de identificar prioridades y de lograr que las cosas se hagan y los proyectos se realicen. La actividad participativa los convierte así en mejores ciudadanos.

    * Mejora la calidad de vida

    Estudios realizados por economistas, sociólogos y sicólogos han demostrado que las personas que participan en la toma de decisiones son más felices que los que se limitan a aceptar o aplicar las decisiones de otros, debido a que se sienten responsables del mejoramiento de su calidad de vida. Además, la participación brinda al ciudadano una oportunidad de mayor eficacia en la colaboración.

    La Internet es un medio idóneo para el desarrollo de los conceptos, ideas, proyectos y estructuras de democracia participativa en sus más variadas formas. Entre los esfuerzos dedicados a estos propósitos en la WEB destacan sitios como ParticipatoryDemocracy/DemocraciaParticipativa.net [1], en la que se plantean y debaten muchas de estas inquietudes.
    Vía "http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia_participativa"

    Ver Indice del Libro "El socialismo del Siglo XXI"

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