Si se analiza el destino del socialismo teórico clásico de Marx y Engels con relación a otros grandes paradigmas de la ciencia, llama la atención que el primero no tuvo un desarrollo científico comparable al de los paradigmas de la física o la biología.
El socialismo teórico clásico (Marx/Engels), la biología teórica clásica (Darwin) y la física teórica clásica (Newton), tienen orígenes comunes en la epistemología científica de los siglos XVIII y XIX; sin embargo, su evolución posterior es muy diferente. Mientras los modelos de Darwin y Newton se convierten en fundamentos de una física y biología teórica constantemente renovada – que se profundiza y potencia cualitativamente en el siglo XX con el desarrollo de la teoría de la relatividad, la física cuántica y la biología molecular, entre otros– no sucede lo mismo con la obra de Marx y Engels.
Ilustraremos este hecho con la evolución de la física. Las leyes encontradas por Newton explican, en esencia, determinados movimientos mecánicos de los sistemas naturales. Cuando se trata de interpretar movimientos o realidades más complejos, por ejemplo, los termodinámicos o electrodinámicos, se requieren nuevos paradigmas de interpretación. Algunos de esos paradigmas o teorías fueron desarrollados por Albert Einstein en las teorías de la relatividad; por Werner Heisenberg y Max Planck en la física cuántica y Murray Gell-Mann en la teoría de los quarks.
Si se busca una explicación para este extraordinario avance de la física teórica –que abrió nuevas dimensiones de la realidad al conocimiento objetivo y al dominio humano– la respuesta es sorprendente: se debe a una interacción dialéctica (influencia mutua) entre: la física experimental, la física teórica, la matemática pura y la lógica. Es la constante interacción entre el conocimiento empírico (experimental), el razonamiento sintético (teórica) y los sistemas abstractos de la matemática pura y la lógica que ha permitido la vertiginosa evolución de la física, desde Newton hasta la actualidad.
Lamentablemente, no se produjo la misma evolución en el paradigma de Marx y Engels.
Vladimir I. Lenin, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci y otros próceres dedicaron su vida a la implementación de la teoría clásica del socialismo en la práctica, haciendo la revolución contra el capital y defendiéndola. En esa lucha aportaron aspectos importantes que enriquecieron al socialismo teórico clásico: por una parte, porque se enfrentan a realidades determinantes que no existían aún en tiempos de Marx (por ejemplo, el capitalismo monopólico) y, por otra, porque la misma realización práctica del paradigma genera realidades que exigen nuevos planteamientos teóricos.
Sin embargo, esas aportaciones inspiradas y forzadas por las necesidades de la práctica, no le proporcionan a la teoría del socialismo revolucionario nuevas fuerzas teóricas, que fuesen comparables a las de los nuevos paradigmas de la física. Tenemos, en consecuencia, una especie de socialismo experimental o aplicado, pero no el socialismo teórico ni su “matemática” y lógica pura. En consecuencia, carecemos de una teoría socialista para el siglo XXI que pueda guiar las luchas de transición hacia el triunfo de las mayorías.
¿Quiere decir esto, que lo que Marx, Engels, Lenin y otros socialistas desarrollaron, es obsoleto para la actualidad? ¿Que ya no puede aportar nada su obra? No, por supuesto que no. Sería como afirmar que Newton es obsoleto, porque existe Einstein. Para determinadas tareas de la realidad, las enseñanzas de estos próceres revolucionarios siguen siendo vigentes; pero, para otras nos faltan los Einstein, Planck, Heisenberg y Gell-Mann del socialismo teórico.

socialismo+del+siglo+xxi politica chavez, democracia poder popular trabajadores proyecto justicia igualdad empleo trabajo seguridad calidad solidaridad venezuela teoria filosofia revolucion constituyente antiimperialialismo modelos socialismo+del+siglo+xxi doctrina filosofia chavez antineoliberalismo
Sin embargo, no pudieron hacer lo mismo con el segundo polo del problema: la lógica de la economía de mercado. No dejaron un programa concreto de una economía socialista, por la simple razón, de que ni el conocimiento científico ni el avance de las fuerzas productivas lo permitieron.
La teoría del valor, que es la esencia de la economía política de Marx y Engels, había determinado correctamente, siguiendo a Ricardo, el valor objetivo del producto en la cantidad promedia de trabajo abstracto, invertido en la producción de una mercancía. Pero no existieron las computadoras ni la matemática avanzada para calcular en la práctica el valor de un producto. El teorema vital de una economía cualitativamente diferente a la del mercado, no se pudo convertir en la base operativa de una economía real. Es por eso, que todas las economías de los países socialistas se han basado en cálculos de unidades monetarias —generalmente orientados en los precios del mercado mundial— y no en unidades de cantidades de trabajo abstracto. Y, por lo tanto, el intercambio de productos tampoco pudo realizarse en términos de equi-valencias —equidad de valores—, sino en términos de equi-precios —equidad de precios.
Esa incapacidad objetiva de fundamentar la economía de la nueva sociedad sobre una base cualitativamente diferente a la de la economía nacional de mercado, hizo imposible el salto cuántico del sistema y permitió la involución de la Unión Soviética. Apenas hoy, el problema matemáticooperativo se resuelve a través del genio de Arno Peters que tendrá el mérito histórico-científico de haber aportado el eslabón faltante (missing link) en la cadena de evolución hacia la sociedad sin clases.
A continuación las reflexiones de Peters sobre esta problemática:
¿Existía una economía equivalente en los países comunistas? [...] Mediante la socialización de los medios de producción fue posible que, como economía dirigida, lograra cubrir las necesidades básicas de la gente. El derecho al trabajo fue garantizado como derecho constitucional. La moderación ocupó el lugar de la insaciabilidad de la economía de mercado. La ganancia perdió su fundamento con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. La vida de cada individuo alcanzó la garantía existencial y una perspectiva para el futuro. La diferencia de ingresos se redujo de una proporción, de uno a más de un millón, a una proporción de menos de uno a diez.
[...] Todos estos fueron enormes avances históricos. ¿Pero será que por eso la economía dirigida comunista ya era equivalente?
Ahí, los precios de los productos no eran equivalentes a su valor; por lo tanto, no estaban fijados por el tiempo laborado, contenido en ellos. Los salarios no equivalían a los valores que los trabajadores habían agregado a los productos. Quiere decir, que la economía en los países comunistas no era equivalente. De este modo, la explotación de los hombres a través de sus prójimos [...], sólo se había erradicado según las categorías de Marx, pero no en la realidad. Para
Marx, explotación era “la apropiación gratuita del producto de trabajo ajeno (trabajo excedente)
sobre la base de la propiedad privada de los medios de producción”. Pero: si la explotación
estuviera sujeta a la propiedad de los medios de producción, entonces, los managers, los médicosjefes y los directores de banco (como no-propietarios de medios de producción, que sólo viven a base de la venta de su fuerza laboral), formarían parte de los explotados; por el contrario, los campesinos y albañiles, como propietarios de sus medios de producción, no serían explotados, y si empleaban a un ayudante o peón por salario, serían explotadores. En los países comunistas, la explotación de los hombres por sus prójimos se había reducido a la diferencia en su nivel de sueldos. Cabe preguntarse entonces, ¿cuál es la relación entre el salario y el valor proporcionado por el trabajador, es decir, el tiempo laborado?
Ocho años después de la muerte de Ricardo, John Gray amplió la Doctrina sobre el salariodinero como realización del derecho al producto íntegro del trabajo, creada por Robert Owen, hacia un sistema coherente: después de haberse asegurado del tiempo de trabajo empleado, un banco central entrega certificados que se refieren a una hora laborada, un día laborado o una semana laborada, y los cuales tienen validez como orden de pago de un producto que requirió el mismo tiempo de trabajo. Esta equiparación consecuente del valor del producto con el tiempo laborado, contenido en cada producto, deduce de la teoría sobre el valor del trabajo la medida absoluta que
Ricardo buscaba. Y también concuerda con la teoría de Smith, quien dijo en su obra principal: “De iguales cantidades de trabajo se puede decir que en todos los tiempos y todos los lugares, siempre son del mismo valor para el trabajador.”
Sin embargo, 28 años después de Gray, Marx rechazó la absolutización del tiempo laborado como medida del valor, porque no convierte el producto del trabajo en mercancía en el sentido de la economía de mercado. Al principio, Marx comparó el tiempo de trabajo individual con el tiempo de trabajo socialmente necesario, quiere decir, el tiempo “para producir algún valor útil dentro de las condiciones de producción sociales existentes y con el promedio social de habilidad e intensidad del trabajo”. Sólo esto ya incluye una relativización del tiempo real laborado, la cual ahora ya no es la medida de valor directa objetiva. Para Marx, el trabajo humano es el “gasto de una fuerza de trabajo simple..., que en promedio posee todo hombre común..., en su organismo físico. [...] Un trabajo más complicado, sólo es considerado como un trabajo sencillo elevado a una potencia o, más bien, multiplicado, de manera que una cantidad menor de trabajo complicado equivale a una cantidad grande de un trabajo sencillo. La experiencia demuestra que esta reducción sucede constantemente... Las proporciones en las cuales diferentes tipos de trabajo están reducidos a trabajo sencillo como su unidad de medida, son determinadas por un proceso social a espaldas de los productores, por lo cual les parecen ser un resultado de la tradición”.
De esta manera, Marx regresa a Ricardo quien dijo al respecto: “Si yo..., me refiero al trabajo como la base de todo valor, y a la cantidad relativa del trabajo como base determinante del valor
relativo de las mercancías, entonces, no se debe suponer que no haya notado que es necesario comparar las diferentes calidades del trabajo y la dificultad entre el trabajo de una hora o de un día en determinada ocupación, y el trabajo de la misma duración en otra. La valoración que se les da a las diferentes calidades de trabajo, pronto se producirá en el mercado con una precisión satisfactoria para todos los fines prácticos. En esto, mucho depende de la habilidad del trabajador y de la intensidad del trabajo realizado. Una vez creada la escala, sólo sufrirá cambios mínimos.”
Sin embargo, esta escala (como el resultado determinado mediante un proceso social, según Marx) no es otra cosa que el “salario natural” que se ha formado “en el mercado”. Esto quiere decir que Smith, Ricardo y Marx no determinaron el precio de mercado de los bienes conforme a su valor expresado en tiempo laborado (o, ni siquiera lo midieron con él), sino señalaron el valor de los bienes como un resultado del tiempo laborado, en relación con los salarios vigentes en el mercado, y presentaron el resto que sobraba con este método, como renta y ganancia. De este modo, se había llegado a la más alta dimensión de la consecuencia teórica sobre el valor del trabajo, la cual era compatible con la continuación práctica de la economía de mercado no-equivalente y que también seguía practicándose en forma menos rigurosa en la economía planificada comunista.
socialismo+del+siglo+xxi politica chavez, democracia poder popular trabajadores economia justicia igualdad empleo trabajo seguridad calidad solidaridad venezuela teoria filosofia revolucion constituyente antiimperialialismo modelos socialismo+del+siglo+xxi doctrina filosofia chavez antineoliberalismo
La primera teoría científica de la sociedad, que parte de esas premisas teóricas, es la de Karl Marx y Engels. Con anterioridad, Adam Smith había elaborado una teoría sistemática sobre la dinámica de la sociedad capitalista, basada en la economía nacional de mercado y la democracia formal: un modelo cibernético —el mercado como invisible hand— propulsionado por el egoísmo de los agentes económicos. La deficiencia principal de esta primera aproximación a la lógica del desarrollo burgués radica, en que la mediación entre la lógica del sistema y de la actividad humana es truncada. De hecho, el sujeto económico individual no es más —ni debe serlo— que una función dependiente de la lógica del mercado. La praxis humana, como capacidad consciente de construcción de un orden social justo no existe, como tampoco existe hoy día en el neoliberalismo.
Marx y Engels son los primeros en lograr un enfoque metodológico que resuelve el problema. Es
este uno de tantos aspectos, en los cuales la teoría de Marx-Engels es superior a cualquier otra teoría desarrollada posteriormente en las ciencias sociales, que por lo general, siguen siendo unilaterales. O sobredeterminan la influencia del sistema (la lógica sistémica), terminando en el mecanicismo o estructuralismo; o sobredeterminan la capacidad de incidencia del sujeto (lógica individual) y puedan en el voluntarismo o psicologismo. Por esa razón, el Nuevo Proyecto Histórico parte de la primera teoría explicativa de la sociedad.
La filosofía de la praxis de Marx y Engels inicia con el análisis del comportamiento social en la sociedad burguesa. Pretenden entender la miseria de las mayorías del capitalismo temprano, y sus formas de lucha, con el fin práctico de acabar con el sistema. Engels explica tal motivación en La Situación de la clase obrera en Inglaterra (1844-1845), diciendo que el conocimiento de las condiciones del proletariado es “una necesidad indispensable, para dar a las teorías socialistas [...], y a los juicios sobre su legitimidad [...], una base estable, para poner fin a todos los sueños y fantasías pro et contra”. Se trataba de una necesidad teórica-política porque el socialismo y comunismo alemán habían nacido, más que nada, de “hipótesis teóricas” a través de la “disolución de la especulación hegeliana”, cumplida por el filósofo alemán Feuerbach.
Marx, a su vez, avanza en los Manuscritos filosóficos-económicos (París, 1844) hacia lo que llamaría después, “la sociedad con carácter humano” o la “humanidad social” (10ª tesis sobre Feuerbach). La filosofía hegeliana proporciona el concepto teórico clave: “enajenación” o “alienación”. Se refiere a la diferencia entre lo que debería ser el sujeto social según la filosofía política burguesa —un ente consciente, ético y racional— y lo que es. La causa estructural de la enajenación son las relaciones mercantiles que dominan la sociedad burguesa (su carácter de fetiche), pero existe también un componente deliberado: la manipulación mediante las religiones, por la ignorancia, por la falta de participación democrática y cultural, por los aparatos ideológicos del sistema, etcétera.
Los sujetos sociales, tanto individuales como colectivos (clases, sindicatos, partidos, etc.), muestran diferentes grados de enajenación o deformación frente a lo que —según su situación objetiva— debería ser su identidad o conciencia. La praxis, como medio libertador, tiene que romper las camisas de fuerza de la enajenación y permitir que cada persona se realice según sus potencialidades. Esa praxis emancipadora requiere, por una parte, de la construcción de una conciencia histórica y de clase adecuada, guiada por un programa histórico y, por otra, de un sujeto colectivo, porque es obvio que, ante el poder de la sociedad y el Estado, las personas individuales no pueden remediar las causas de su enajenación. Ambas tareas se cumplen en febrero de 1848 con la aparición del Manifiesto del Partido Comunista que da a conocer el Nuevo Proyecto Histórico de las mayorías industriales, con su núcleo transformador, el proletariado. Considerar al proletariado como única clase capaz de llevar a cabo la emancipación, no es resultado de un dogmatismo o romanticismo de Marx y Engels, sino la conclusión correcta de un análisis científico sobre la estructura de clase de la sociedad burguesa, en su tiempo.
Si interpretamos ese sujeto de cambio como lo hicieron Marx y Engels, su determinación sigue vigente. Sólo una clase con “cadenas radicales”, una clase que “es la disolución de todas las clases, una esfera de la sociedad que tiene un carácter universal”, podía lograr la emancipación.
Con este descubrimiento, los dos científicos revelan no sólo el misterio de la explotación capitalista —negada por los científicos de su tiempo con el argumento, de que el salario se acordaba de mutuo consentimiento, sin coacción, entre trabajador y empresario— sino de todas las sociedades de clase: el plustrabajo, que se puede expresar con términos de tiempo, como plusvalor; en términos materiales como plusproducto o en términos monetarios, y guardando las diferencias, como ganancia. La dinámica de evolución de la sociedad humana está determinada por la lucha social en torno a la apropiación del plustrabajo, o su manifestación como plusproducto o plusvalor. Mientras que los trabajadores directos, cuyo único medio de producción es su fuerza de trabajo, procuran expandir su participación en el plusproducto, es decir, aumentar su calidad de vida con mejores remuneraciones u otras formas de participación, si es necesario mediante huelgas y otras formas de lucha; los dueños del poder económico (señores feudales, esclavistas, capitalistas) tratan de reducir la participación de los trabajadores directos en el excedente económico; si es necesario, mediante la represión militar.
Este descubrimiento trascendental de Marx y Engels que los pone a la altura de los grandes científicos universales, como Newton y Darwin, se produjo apenas en los años cincuenta del siglo XIX. Eso explica, por qué el Manifiesto inicia con la celebre frase, “La historia (escrita - F. Engels) de toda sociedad hasta el presente ha sido una historia de lucha de clases”. Esta es una descripción correcta de la dinámica social de la humanidad durante los últimos cinco mil años. Los actores de esta lucha épica son revelados, no así el objeto o botín de sus luchas que es el plustrabajo, plusproducto o plusvalor. Esa ulterior explicación de causa-efecto la proporcionan Marx y Engels después de entender a fondo la lógica de la evolución humana durante los últimos cinco milenios. Para el capitalista concreto, la fuerza determinante del plusvalor se revela a través de la ley del valor y de la tasa de ganancia. La ley del valor y la tasa de ganancia media son los parámetros que definen la actuación de los capitalistas y, en última instancia, la de todas las clases. Esos parámetros son fuerzas objetivas para cada agente individual de la economía. Quién no se somete a ellos es destruido por ellos. Su acatamiento es, semejante al caso de las leyes de la naturaleza, precondición de la sobrevivencia del individuo. Pero a diferencia de la lógica de la naturaleza, la lógica del sistema puede ser negada por un colectivo lo suficientemente fuerte para sustituirla con la de otro sistema, tal como sucedió en 1917 en la URSS.
La diferencia fundamental entre los sistemas sociales y naturales es que los primeros son más accesibles a la intervención humana. Es decir, la lógica del sistema sobre sus miembros no se realiza de manera absoluta, como, por ejemplo, en el sistema solar o un hormiguero, sino en forma mediada, a través del software cultural o la identidad de los sujetos sociales. La lógica del sistema es interpretada por los sujetos y la calidad de esta interpretación, junto con otras condiciones concretas, deciden si ejecutan la lógica sistémica por completo, en parte o si actúan en su contra. Su praxis es, por lo tanto, el resultado de ambos factores: lógica sistémica y lógica de la personalidad propia.
Querer cambiar la lógica del sistema presupone, por lo tanto, que el sujeto tenga o adquiera un software cultural (conciencia) que le permite: a) entender claramente la lógica del sistema en sus aspectos principales; b) su propia identidad y, c) las perspectivas de cambio que son objetivamente viables.
Marx y Engels dedicaron toda su vida a la creación de esta conciencia de clase y a la organización política-sindical de los actores de cambio. Explicaron y combatieron el efecto de socialización enajenante del trabajo fabril, por una parte, y el impacto de la deformación ideológica deliberada a través de los aparatos ideológicos del sistema, como la iglesia, la escuela, los medios de comunicación, por otra. La superación de ambos tipos de enajenación en los sujetos era un medio; el fin consistía en la acumulación de fuerzas, capaces de producir el cambio radical deseado.
Ver Indice del Libro "El socialismo del Siglo XXI"
socialismo+del+siglo+xxi politica chavez, democracia poder popular trabajadores economia justicia igualdad latinas trabajo seguridad fidel+castro marxismo venezuela teoria filosofia revolucion constituyente antiimperialialismo modelos socialismo+del+siglo+xxi Marx filosofia chavez antineoliberalismo
El concepto más importante de este trabajo es el concepto Proyecto Histórico. Es una categoría no utilizada en las ciencias sociales ni tampoco por Marx y Engels, pero útil para describir el modelo de explotación, dominación y enajenación que caracteriza la praxis de una clase dominante.
Los resultados son evidentes. De ocho combinaciones posibles, sólo tres lo son en términos reales. De esas tres, la del capitalismo no requiere discusión porque sería incompatible con una democracia real participativa. El capitalismo funciona en muchos tipos de sociedades represivas, pero es antagónico a la democracia real. El socialismo realmente existente redujo considerablemente la explotación económica, mas no la dominación (verticalidad) sociopolítica ni la alienación, lo que disminuyó enormemente su atractivo democrático para las sociedades avanzadas.
La última opción, democracia real, representa los contenidos que definen al Nuevo Proyecto Histórico en sus objetivos estratégicos y le dan su identidad propia: una sociedad sin capitalismo ni mercado, sin Estado como instrumento de represión y sin enajenación. Decir que estos son los objetivos estratégicos, significa que su plena realización se alcanzará con la superación definitiva de la sociedad de clase.

La última opción, democracia real, representa los contenidos que definen al Nuevo Proyecto istórico en sus objetivos estratégicos y le dan su identidad propia: una sociedad sin capitalismo ni mercado, sin Estado como instrumento de represión y sin enajenación. Decir que estos son los objetivos estratégicos, significa que su plena realización se alcanzará con la superación definitiva de la sociedad de clase.
caso, la concepción de la sociedad global postburguesa. Un Nuevo Proyecto Histórico es, por lo tanto, un medio de concientización que genera claridad de pensamiento frente a los mitos dominantes y permite la constitución del sujeto de cambio. De ahí que cada cambio de época en la historia moderna fue precedido (necesariamente) por documentos o manifiestos programáticos que unificaron las diversas fuerzas sociales en pos de objetivos comunes: las tesis de Lutero en 1517, las declaraciones sobre Derechos Humanos en Estados Unidos (1776) y Francia (1789), fueron documentos programáticos de la burguesía; el Manifiesto Comunista fue la bandera del movimiento socialista histórico. Los documentos constitutivos del Nuevo Proyecto Histórico cumplirán con la misma función.
Ver Indice del Libro "El socialismo del Siglo XXI"
socialismo+del+siglo+xxi politica chavez democracia poder popular venezuelaproyecto historico marx sigloxix enajenacion explotacion dominacion democracia+real tesis manifiestos guia sociedad clase dominante obstaculos libertad dictadura day 2007 comunista socialismo+real NPH teoria filosofia modelos socialismo+del+siglo+xxi doctrina filosofia chavez antineoliberalismo

